
Sí, sabemos que alguna vez te has quedado mirando algo, convencido de que es una cosa y luego resulta ser otra, es por eso que entonces entenderás la magia que envuelve el trabajo de Jochen Mühlenbrink. Es un artista que no necesita una presentación complicada, sus obras hablan por sí mismas. O mejor dicho, te atrapan y confunden, hasta te hacen dudar de tus propios ojos.



Mühlenbrink tiene una relación muy especial con el trompe-l’œil. ¿Trompe-qué? Ya se, es difícil, acá te lo traducimos: es la técnica de pintar algo tan real que parece que puedes tocarlo. Pero Jochen lo lleva a otro nivel, creando mundos donde lo que creías que era una ventana empañada es solo pintura, y donde una sombra perfecta en una pared resulta ser un truco impresionante.
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Puede ser algo cotidiano pero no es obvio.
¿Qué es lo más cool de Mühlenbrink? es que no se lanza a lo grandilocuente o lo obvio. Nada de paisajes enormes o retratos clásicos. No, su terreno es lo cotidiano: una ventana con vaho (si, así se llama al vapor que despiden los cuerpos), papel arrugado, una cinta adhesiva pegada desprolijamente. Este artista te presenta las cosas que ves a diario pero que, bajo su pincel, se transforman en algo completamente nuevo. Es como si dijera: “Hey, presta atención, porque hasta lo más simple tiene su magia” y puff ahí te deja hipnotizado y atrapado en su obra.



En un mundo saturado de imágenes, su arte es un recordatorio de que mirar no es lo mismo que ver. Si te cruzas con una ventana empañada o una sombra sospechosa, tal vez estés frente a un Mühlenbrink disfrazado de la realidad.
Todas las imágenes utilizadas en esta nota provienen del sitio web oficial de Jochen Mühlenbrink (https://www.jochen-muehlenbrink.com/works/) son utilizadas con fines informativos no comerciales.